

BIG BANG
El Wilson Burbano y el Big Bang
Mi visión del Big Bang desde AD1
El contexto: Como un estruendo creativo, el largometraje del Big Bang nos trajo ante los, casi amateur ojos cinematográficos del Ecuador, la disgregada historia de la humanidad, plasmada a través de la vida del silencioso Reo Nipío. Mientras el Ecuador iba sacando la cabeza hacia un naciente cine de autor, llegaría como una descarga de alto voltaje el Wilson Burbano con sus cortometrajes de estirpe rusa y de narrativas trastocadas, que cuestionaban la concepción aristotélica del arte con la que nos íbamos acostumbrado a leer al Ecuador desde la pantalla gigante.
La producción del largometraje: El Wilson Burbano llegaba con una propuesta de cine de súper bajo presupuesto para confrontar un guion con escenas de índole histórica y con un elenco de casi 100 actores en escena. El recién llegado de las estepas Rusas y los callejones de New York, Wilson Burbano, buscaba entre las callejuelas de Quito a los más de 40 técnicos amateurs del cine que lo acompañarían en el rodaje, a la voz de “claro que sí Capitán Wilson”, mientras el bohemio capitán gobernaba casi anarquistamente una nave tan surrealista como el contenido del Big Bang. Sin embargo, la nave de la producción salió de sus constantes marejadas, torbellinos y desapariciones misteriosas de los miembros del crew, invirtiendo harto empeño, amor al arte y amistad, por casi 100 días de rodaje. Como resultado, una de las películas ecuatorianas que, gracias a su logro estético y profesional, va obteniendo varios premios internacionales que valoran la innovación cinematográfica.
El estreno: Trece años después, el estreno tan esperado y olvidado por otros, llega. Y el Wilson Burbano con el surrealismo que lo caracteriza, da un breve discurso sobre el cine propio y sin uniformes. En seguida da paso a las debidas felicitaciones de los personajes del elenco y el crew técnico. Y para cerrar con broche de oro, el Wilson brinda como cóctel protocolar una bebida de chicha a base de avena, hecha por él mismo y que lo sirve con un reciclado envase de plástico. Finalmente, un brindis a la luz de la calle en la fría noche quiteña, con la enseñanza de replantearse el arte y el cine como un Big Bang que invita a tener la humildad suficiente para dejarse abordar por el espíritu del creativo arte cinematográfico, una sustancia aun inexplorada y que renace en los rincones de su alma.
Adrián Aguilar Asistente de Dirección Big Bang